El paro con otros ojos. Inmigración y desempleo. (2 de 3) Consecuencias de la inmigración

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Consecuencias demográficas

 

La consecuencia más llamativa de la inmigración en España ha sido el aumento de la población: así, entre 1998 y 2005 España había crecido en 4.255.880 habitantes, lo que representa un crecimiento del 10,68% de la población en 7 años. La mayor parte de esta cifra se debe a la llegada masiva de inmigrantes durante este período.

 

Variaciones interanuales medias de la población española 1857-2006

Variaciones interanuales medias de la población española 1857-2006

Además, la mayor natalidad de la población inmigrante es la principal causa del repunte de la fecundidad que se ha producido en el país, pasando de una tasa bruta de natalidad del 9,19‰ al 10,73‰ entre 1998 y 2005. En 2005, el 15,02% de los nacimientos registrados en España fueron obra de mujeres de nacionalidad extranjera, aunque sólo es extranjera el 8,46% de la población española y el 10,64% de las mujeres en edad fértil residentes en España.
Por otro lado, como la mayor parte de la población que inmigra suele tener entre 25 y 35 años, el crecimiento es mayor en este grupo de edades y en consecuencia se rejuvenece la población española. Así, el 51,91% de los extranjeros residentes en España tiene entre 20 y 39 años, frente a un 32,66% del total de habitantes de España que se encuentran en esta franja de edad.
Una de las consecuencias de la crisis económica iniciada en 2008 y el alto desempleo ha sido la reducción de la natalidad en la población inmigrante tanto por la falta de recursos como por la asunción de pautas de natalidad de la población autóctona. De hecho, ya en 2011, se ha invertido la situación, teniendo España más emigrantes que inmigrantes y volviendo al flujo negativo migratorio.

Consecuencias económicas

Visiones positivas

La importante llegada de población inmigrante en edad de trabajar ha repercutido favorablemente en el total de afiliaciones a la Social, hasta el punto que cerca de un 45% de las altas registradas entre 2001 y 2005 correspondieron a trabajadores inmigrantes.
Puesto que casi la mitad del trabajo creado en estos años se ha nutrido de trabajadores extranjeros, su contribución al crecimiento del PIB en este periodo (un 3,1% medio anual, en términos reales) ha sido muy significativa.

Además, el aumento de la población laboral ha comportado un incremento de la recaudación asociada a la imposición del trabajo (principalmente por la vía de las cotizaciones sociales). Sin embargo, el bajo porcentaje de su población dependiente (de menos de 15 años y de más de 65 años, que es del 18,98% para el colectivo extranjero pero del 30,83% para la población general) hace que aporten de manera neta a la caja del Estado más que la población nacional.
Por otra parte, dado que el empleo extranjero se ha concentrado principalmente en sectores donde la oferta de mano de obra nacional resultaba escasa (construcción, hogar, hostelería, agricultura, etc.), la inmigración ha contribuido a suavizar la rigidez de esta oferta, limitando la aparición de tensiones inflacionistas y haciendo que pequeñas empresas españolas continúen con su actividad.
El hecho de que la población inmigrante ocupe puestos laborales poco deseables para la población española y el que sea una población joven, ha permitido que, a su vez los españoles ocupen puestos más altos en la pirámide laboral, que los jóvenes puedan acceder a mayor formación, que las mujeres puedan acceder en mayor número al mercado laboral y en general a que el Estado de Bienestar español continúe estable.
Visiones negativas

Otras opiniones sostienen que la inmigración ha comportado distorsiones en el mercado laboral español.

Así, aunque el PIB español ha crecido entre el 3% y el 4% entre los años 1997 y 2007, los salarios reales de la población española no solo no han aumentado, sino que han disminuido ligeramente. Señalándose que la llegada de trabajadores, presuntamente no cualificados ha forzado a la baja de los salarios en diversos sectores de la economía española como por ejemplo la construcción, la hostelería e incluso el doméstico.
Por otro lado, buena parte de los trabajos asumidos por los inmigrantes han sido creados al calor de la llamada inmobiliaria: alrededor del 30% de los trabajadores de la construcción eran extranjeros.
Lo que la inmigración habría permitido sería el abaratamiento del ciclo productivo en la economía tradicional española, al hacer innecesario acometer proyectos de modernización e I+D, debido a que la inversión no sería necesaria ya que se consigue mantener beneficios mediante la reducción de salarios. Las principales presunciones negativas asumen que:
· El fenómeno podría haber perjudicado a los trabajadores peor pagados, debido a un aumento de la oferta de mano de obra infravalorada socialmente por su cualificación laboral.
· El aumento de los beneficios económicos no se ha invertido en mejorar el ciclo productivo dentro de las empresas tradicionales.

Consecuencias socio-culturales

La llegada de inmigrantes en los últimos años ha generado una mayor diversidad cultural, religiosa y lingüística.
Aunque la evaluación a largo plazo de la inmigración en España es complicada debido a su carácter reciente, la llegada mayoritaria de inmigrantes procedentes de ámbitos culturales o lingüísticos cercanos (el 75,02% proceden o bien de Iberoamérica o bien de otros países del europeo), unido a que la inmigración es de origen variado, puede dejar entrever una integración menos problemática que la surgida en otros países de la Unión Europea.
Con todo, un estudio procedente del Ministerio de Trabajo e Inmigración de España señala que en los últimos años ha aumentado la tendencia general al rechazo de la población nacida en el extranjero, es decir, al aumento de la xenofobia. Aunado a esto las nuevas generaciones de españoles nacidos en el país siguen compartiendo los ideales identitario de sus padres extranjeros, generándose grupos interétnicos en la población nacida en España.

Consecuencias lingüísticas

 

Debido a la fuerte inmigración, han aparecido comunidades bilingües relativamente importantes.

Las lenguas más habladas en España -sin tener en cuenta las cooficiales- por orden de relevancia son las siguientes:
· El árabe. Los árabes se encuentran repartidos por toda España, aunque su presencia es mayor en Ceuta, Cataluña y Andalucía que en otras comunidades.
· El rumano. Son especialmente numerosos en la Madrid, Mancha, Aragón y Valenciana.
· El inglés, hablado principalmente en las provincias de Málaga y de Alicante
· El alemán, hablado fundamentalmente en los archipiélagos balear y canario.
· Ibereberes, hablados por parte de los 563.012 marroquíes que residen en España.
· El quechua, hablado por peruanos, ecuatorianos y bolivianos.
· El guaraní, hablado principalmente por paraguayos.
· El portugués, hablado principalmente en Galicia y en León
· El wu, lengua hablada por los inmigrantes chinos, procedentes de la provincia de Zhejiang.
· El búlgaro, en las provincias de Valladolid y Segovia.
· El francés, hablado por muchos inmigrantes de países africanos que han sido colonias francesas o belgas.
· Las subsahariana entre las que destacan por número de hablantes el fula, el wólof, el mandinga y el soninké

 

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